La población urbana se ha convertido en un tema de interés para muchos investigadores. El fenómeno indica no solo crecimiento exponencial sino un conjunto de características, entre ellas, las relacionadas con la gestión del agua dentro de las ciudades. Acciones que se sienten cada vez más en tiempos de crisis como la generada por la pandemia.
El mundo contaba con 751 millones habitantes en las ciudades para el año 1950. Sin embargo, esta cifra aumentó a 4200 millones en el año 2018 (ONU, 2018). Una tendencia que seguirá entre nosotros para los próximos años. Las proyecciones indican que el 90 % tendrán lugar en los países de África y Asia con India, China y Nigeria concentrándose en un 35%: 416 millones, 255 millones y 189 millones de habitantes respectivamente. Pero, actualmente, las áreas más urbanizadas son: América del Norte (82 %), América Latina y el Caribe (81%), Europa (74%) y Oceanía (68%). Cifras que señalan la región de América Latina y el Caribe cómo una de las más urbanizada del mundo pero también una de las más vulnerables.
Algunas razones que impulsan el crecimiento de la población urbana se encuentran:
- Mayores oportunidades de trabajo.
- Mayores y mejores infraestructuras.
- Mayor desarrollo cultural y académico desde diversas instituciones públicas y privadas.
- Mayor movilidad de personas, mercancías y transportes que impulsan 2/3 partes del PIB regional.
Sin embargo, las ciudades de América Latina se enfrentan a grandes retos vinculados con el crecimiento desordenado cuya velocidad ha dejado atrás la gestión de una infraestructura acorde a la nueva realidad y necesidades poblacionales.
Una verdadera explosión que ha afectado a los servicios, entre ellos las aguas potables y residuales. Aquellos que tienen impactos directo en las personas más vulnerables ubicadas en zonas marginales dentro de las ciudades. Situación que marca la desigualdad, la pobreza y las fallas constantes de los servicios públicos (agua potable y aguas residuales a nivel doméstico).
Paralelamente, se encuentra el cambio climático que provoca fuertes sequías y lluvias con impacto en el suelo: deslizamientos del terreno, pérdidas de infraestructuras y hasta de vidas humanas. Constantemente percibimos:
- Cómo los volúmenes de agua se han reducido de las fuentes de abastecimiento.
- Cambios en los patrones de escurrimientos.
- Importación de aguas de fuentes lejanas (Casos de Caracas, Rio Janeiro, Ciudad de México y Sao Paulo).
- Sobrexplotación de los acuíferos o aguas subterráneas (Casos de Ciudad de Guatemala, Managua, Caracas y Ciudad de México).
El llamado es a fortalecer la gestión del agua urbana: suministro del agua potable, la captación y conducción de las aguas residuales (drenajes), tratamientos y disposición de aguas residuales, tratamiento de aguas potables, y la gestión de aguas pluviales. Más aún cuando el 17% de la población urbana no tiene acceso al servicio de agua, el 60% carece de saneamiento seguro, y el 80% de las aguas residuales se vierten en ríos, mares y lagos sin ningún tipo de tratamiento debido a fallas dentro de la infraestructura, deficiencias en la gestión, y falta de mantenimiento que afecta la calidad, continuidad y eficiencia (ONU, s.f.)
La expansión urbana debe ser planificada, organizada y supervisada en base a los mejores datos y proyecciones disponibles para un crecimiento poblacional, industrial y urbano sano y seguro. El papel de los actores es fundamental. No solo es responsabilidad del Estado sino de un conjunto de instituciones tanto públicas como privadas que se dedican a la gestión del agua en función del desarrollo de las ciudades con miras a minimizar las desigualadas sociales y la misma marginalidad. Además, de preservar los cuerpos de aguas: manantiales, ríos lagos y aguas subterráneas dentro de las mismas ciudades.
La gestión del agua urbana reconoce que la ciudad no es un ente aislado. Todo el contrario, las ciudades se unen en conglomerados para poder alcanzar objetivos comunes. Se requiere no solo ampliar sino también modernizar para controlar las fugas y la misma continuidad. No debemos permitir que la urbanización sin control se apodere de la situación. Un verdadero desafío institucional más cuando existe la fragmentación de funciones y tareas dentro de las instituciones que intervienen en el suministro de los servicios de agua potable y drenaje en la gestión de agua de lluvia y tratamiento de aguas residuales; falla la coordinación entre las instituciones y los diferentes sectores que impiden sinergias y maximizar los resultados; y falta la capacitación, reconocimiento y certificaciones al personal que forman parte de una plantilla enfocada en la continuidad del trabajo bajos principios de calidad, ética, compromiso y responsabilidad. No siendo menos importante, los desafíos relacionados con la gestión vinculada con las reformas de políticas públicas y normativas: rendición de cuentas, gobernanza sólida, regulaciones eficaces, atención oportuna de los retos incluyendo los relacionados con el cambio climático, aplicación de incentivos, y continuidad para conservar, modernizar y ampliar la infraestructura.
Caso venezolano
Nos enfrentamos a un verdadero reto porque no solo son los desafíos relacionados con la gestión, instituciones y sostenibilidad financiera. Tres variables de gran impacto a nivel regional indicados por la BID (2021) que se unen a otros factores y/o agentes generados por la misma crisis económica, social, ambiental y política, más la COVID-19, vistas y sentidas como tecnologías obsoletas, fuga de maestros y especialistas del agua, fugas de buenos gerentes especialistas del agua, desarticulación de actores, contaminación de cuerpos de aguas, graves fallas en la continuidad del servicio del agua, falta de infraestructuras de calidad para los tratamientos del agua potable y residuales, entre otros.
Nuestro país no cuenta con la suficiente asignación presupuestaria, verdadero análisis sobre los ingresos generados por tarifas del agua, cuantificación de los impactos negativos y positivos e instituciones sólidas con personal suficiente y competente que responda a las necesidades de las grandes urbes. Además, no se aplican tarifas suficientes que permitan cubrir los costos básicos, entre ellos operación y mantenimiento.
Mientras esta situación continué el servicio del agua será uno de los más afectados en nuestro país. Así lo vivimos desde los diferentes hogares caraqueños!. Entonces, bajo esta mirada no podemos hablar de una ciudad del futuro ni menos de una ciudad sostenible. ¡Nos queda muchos por recorrer y alcanzar!
Referencias
- Naciones Unidas (2018, mayo 16). Las ciudades seguirán creciendo, sobre todo en los países en desarrollo.
- BID (2021). Gestión del agua para las ciudades del futuro
