Opinión
Federico Bonet Zapater
La opinión deFederico Bonet ZapaterProfesor ad honorem de la Universidad Politécnica de Valencia y Consejero Territorial del CICCP.
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La DANA del 29 de octubre de 2024 en la Comunidad Valenciana


El propósito de este artículo es describir sucintamente lo acontecido en la provincia de Valencia el 29 de octubre de 2024 cuando las aguas embravecidas arrasaron todo a su paso, con el triste balance de más de 200 muertos e innumerables daños materiales. Vaya para los damnificados nuestro sentimiento de solidaridad.

La DANA de 2024

Los ríos y barrancos de la vertiente mediterránea española se caracterizan por un caudal escaso habitualmente, pero que en épocas de crecidas alcanzan niveles muy significativos. Tanto los ríos Júcar y Turia como otros cauces menores han protagonizado inundaciones desastrosas a lo largo de los tiempos.

Podemos citar la riada de San Carlos en el Júcar en 1864, y más recientes la del Turia en 1957, y las del Júcar en 1982 y 1987.

El origen de estas inundaciones está en unas fuertes precipitaciones que suelen ocurrir en los meses de otoño. El motivo de estas fuertes precipitaciones se ha ido conociendo mejor con los avances de la meteorología, y así han ido cambando su denominación de riadas, a gotas frías, y en la actualidad se asocian a DANAs.

Una DANA es una masa de aire frío en altura que desciende de latitud desde el ártico. Cuando se sitúa sobre España y coincide con una borrasca en el sur, los vientos de levante arrastran hacia el interior masas de aire muy húmedas debido a la temperatura del mar Mediterráneo en el final del verano. Cuando esas masas de aire muy húmeda se encuentran con las montañas, próximas a la costa, se elevan y al contacto con la masa de aire muy fría se producen violentas precipitaciones, la gota fría.

Con los medios actuales de detección podemos predecir si se puede formar un fenómeno de esta naturaleza, pero en la actualidad no podemos saber a ciencia cierta ni dónde, ni cuándo ni cuánto va a llover. Por otra parte, si conocemos la precipitación, disponemos de modelos hidrológicos que nos pueden predecir con mayor o menor exactitud cuánta de esa agua llovida va a pasar por un determinado punto del cauce y su distribución a lo largo del tiempo. Aun así, en estos modelos intervienen una serie de parámetros (coeficiente de escorrentía, rugosidad) que hemos de estimar.

Todas estas incertidumbres nos llevan a hacer un tratamiento estadístico que nos lleva a establecer una distribución probabilística de los caudales que pueden circular. Es de destacar que esta distribución se basa en los datos observados, que muchas veces no superan los 150 años, y hablamos de períodos de retorno de 500, 1.000 e incluso 10.000 años.

Es importante transmitir a la sociedad que el riesgo cero no existe, y que al diseñar una actuación de defensa contra inundaciones lo hacemos para un caudal que tiene una probabilidad, pequeña pero no nula, de superarse. Podemos diseñarla para un riesgo menor, pero con un coste superior, y no sólo económico sino también ambiental y social. El estudio coste-beneficio de las actuaciones es fundamental y la sociedad debe decidir qué riesgo está dispuesta a aceptar y qué coste está dispuesta a asumir para reducirlo.

Para el día 29 de octubre de 2024 se anunciaba una DANA sobre la provincia de Valencia con fuertes precipitaciones. Efectivamente, a primeras horas de la mañana se produjeron lluvias muy intensas en una zona interior de Valencia, cercana a la provincia de Cuenca. Esas montañas vierten a varios ríos que nacen en las mismas, por lo que, en realidad, no se produjo una única inundación, sino que podemos identificar al menos cuatro. Aunque todas con un origen común en la precipitación, con un discurrir diferente según los diversos cauces.

El Júcar

En la zona más al oeste se encuentra el río Ojos de Moya, que vierte al río Cabriel y éste al Júcar. Este río se desbordó produciendo graves inundaciones en la población conquense de Mira. Aguas abajo, esta avenida pasó por diversas presas en el Cabriel (Contreras) y en el Júcar. En el embalse de Tous se produjo un incremento de 8 Hm³, sin mayor incidencia aguas abajo ni en el propio embalse, que tiene una capacidad de 378 Hm³.

El Magro

La parte central y hacia el sur de esas montañas constituye la cabecera del río Magro, que como su nombre indica no suele llevar mucho caudal. Los pluviómetros de la zona registraron valores de precipitación el día 29 de octubre del orden de 140 mm, con valores horarios de hasta 40 mm. Las lluvias comenzaron a primeras horas y sobre el mediodía el río desbordó en la población de Utiel, causando ya grandes daños y algunos fallecidos.

El río Magro fue evacuando esta avenida por su cauce medio, en una zona agreste y prácticamente sin poblaciones, hasta llegar al embalse de Forata. Esta presa, construida para laminación de avenidas y para derivar caudales para riego, se encontraba en un nivel bajo, tras la sequía de los últimos meses.

En cinco horas, entre las 14h y las 19h pasó de tener 7 a 37 Hm³, y se calcula que en ese tiempo redujo el caudal del río desde más de 2000 m³/seg a 1.100. Al llegar a su volumen máximo, se perdió la capacidad de laminación y el caudal aguas abajo pasó a ser el que traía el río. A esto se sumó una fuerte precipitación aguas abajo de Forata; en el pluviómetro de Turís se registraron en una hora, a las 18h, una cantidad de 179’4 mm, con un máximo de 42 mm en diez minutos. Un auténtico diluvio.

Era conocida la insuficiente capacidad de laminación de la presa de Forata, en especial para las aportaciones de aguas abajo, por lo que en algún momento se había estudiado la construcción de otra presa de laminación en el Marquesado. El caudal evacuado por Forata más las aportaciones aguas abajo hicieron que el río Magro se desbordara, fundamentalmente en Algemesí, junto a su desembocadura en el Júcar.

El Poyo

Una tercera inundación, la más desastrosa, se produjo unos kilómetros al norte, en la rambla del Poyo y adyacentes. Esta rambla tiene una longitud de unos 40 km desde su origen en las montañas de Chiva, a mil metros de altitud, hasta su desembocadura en la Albufera.

Esto hace que en su cabecera tenga grandes pendientes, muy erosivas y con un tiempo de concentración muy bajo. La riada se presenta de forma muy súbita, a diferencia de ríos más largos (y más monitorizados) donde las avenidas se pueden predecir con más tiempo.

A primeras horas de la mañana se registraron lluvias de cierta intensidad en el pluviómetro de Chiva, unos 25mm en una hora. Esto hizo que por la rambla de Chiva o del Poyo, habitualmente seca, circularan caudales de hasta 200 m³/seg. Al cesar las lluvias a mediodía, este caudal fue descendiendo, fundamentalmente por la infiltración producida en un cauce que llevaba meses seco.

Pero sobre las 14h se reanudaron las lluvias, con una intensidad creciente, llegando a registrarse más de 120 mm en una hora a las 18h. Hay que destacar que el pluviómetro de Turís antes citado se encuentra en una zona que vierte en parte al río Magro y en parte a la cuenca del Poyo.

Esta intensidad de lluvia sobre un terreno ya saturado por las lluvias intensas de la mañana, se transformó en escorrentía. El caudal de la rambla aumentó bruscamente y en dos horas llegó a superar los 2000 m³/seg en el único aforador existente, a la altura de Ribarroja en el cruce con la A3. Aguas abajo de este punto hay varios barrancos que aportan caudales importantes, como los de Gallego y la Horteta, estimándose que el caudal que pasó por las poblaciones próximas a la Albufera (Paiporta, Catarroja, Massanasa, Benetússer,…) llegó a los 3.000 m³/seg. Los efectos que produjo son los que, por desgracia, hemos visto en los medios de comunicación.

"Al diseñar una actuación de defensa contra inundaciones, se hace para un caudal que tiene una probabilidad, pequeña pero no nula, de superarse"

La capacidad del cauce que atraviesa esas poblaciones es de 800 m³/seg, tras una primera fase de encauzamiento que se finalizó a principio de este siglo. Fue lo máximo que se pudo realizar al atravesar unas poblaciones muy consolidadas.

Para completar la protección para caudales superiores se habían estudiado diversas alternativas que, básicamente, reducían los caudales que llegaban a esa zona y derivaban los excesos al cauce nuevo del río Turia. El caudal previsto que podía llegar al desvío, con un período de retorno de 500 años, se estimaba en 1.500 m³/seg tras la laminación producida por las actuaciones aguas arriba.

Hay que señalar que junto al barranco del Poyo hay otros menores, como los de Pozalet y la Saleta, que también desbordó e inundó la población de Aldaya. En la solución prevista para el Poyo también había actuaciones para mejorar estos barrancos.

El Turia

Una parte de las montañas que sufrieron las fuertes lluvias vierte a la cuenca del Turia, hacia el noreste. También se registró un aumento de caudales debido a esas fuertes lluvias y la presa de Benagéber retuvo 30 Hm³. La siguiente presa, de Loriguilla, embalsó otros 15 Hm³. Este incremento se produjo en unas diez horas y ambas quedaron por debajo de su capacidad total.

En un afluente del Turia por su margen derecha, el río Sot o Reatillo, existe el embalse de Buseo. En la tarde y noche del día 29 pasó de contener menos de 1 Hm³ a más de 8 Hm³, siendo su capacidad nominal de 7’5, por lo que vertió por coronación y no pudo laminar el caudal entrante a partir de ese momento, causando graves destrozos en la población de Sot de Chera, aguas abajo.

Esta avenida del Turia, en especial la generada aguas abajo de las presas, discurrió causando destrozos en localidades ribereñas, como Ribarroja, donde destruyó algún puente y arrasó el parque fluvial del Turia entre esa población y Valencia. Aquí se canalizó por la llamada solución sur, llevando un caudal de más de 2.000 m³/seg, sin causar problemas en la ciudad de Valencia.

Conclusión

Las lluvias habidas se pueden calificar de extraordinarias, probablemente con un período de retorno superior a 1.000 años. En las tres inundaciones producidas en la Comunidad Valenciana, vemos que en el Magro había alguna obra de laminación, pero no suficiente, y se desbordó. En el Turia había obras hidráulicas de protección (presas, encauzamiento) que han funcionado adecuadamente. Y en la rambla del Poyo, sin ninguna actuación ejecutada, es donde mayores daños y muertes se han producido.

Con las actuaciones previstas probablemente también habría habido desbordamientos, dado el carácter muy extraordinario de la avenida, aunque los daños hubieran sido considerablemente menores. Es cierto también que, igual que el barranco del Poyo, existen otros barrancos y ríos en el arco mediterráneo que presentan un riesgo de inundación elevado.

Todos estos puntos con un riesgo elevado son bien conocidos y con soluciones estudiadas, tanto en los planes contra el riesgo de inundaciones del Ministerio, como en el PATRICOVA (Plan de Acción Territorial Contra el Riesgo de Inundaciones de la Comunidad Valenciana).

Aparte de los problemas presupuestarios, que no permiten abordar simultáneamente todas esas actuaciones, creo que falta la conciencia social de que estas actuaciones son necesarias y que se debe invertir en nuevas actuaciones hidráulicas y en mantener adecuadamente las que ya tenemos.

Y todo ello sin olvidar otros ámbitos de mejora, como la ordenación territorial, los sistemas de detección y alarma, la gobernanza de los sistemas de emergencias y la formación a la sociedad sobre cómo comportarse ante estos fenómenos naturales extremos.