España se enfrenta a importantes desafíos en la gestión de los recursos hídricos. El estrés hídrico y la sequía recurrente, así como los daños causados por fenómenos climatológicos extremos, las necesidades de inversión en infraestructuras, la creciente presión demográfica en determinadas zonas, el crecimiento de la demanda y los efectos del cambio climático nos obligan a repensar radicalmente cómo valoramos, gestionamos y utilizamos este bien esencial.
Nuestro sector cuenta con empresas líderes con un gran nivel tecnológico, capaces de afrontar todos los retos que requiere nuestro país.
De acuerdo con el reciente informe preparado por Seopan, será necesario invertir 104.000 millones de euros en infraestructuras de agua en los próximos 10 años, incluyendo la modernización y transformación digital del ciclo del agua, el incremento en desalación y reutilización, asegurar presas y soluciones para afrontar sequías e inundaciones. Teniendo en cuenta el complejo panorama internacional que vivimos, es el momento de plantear modelos de colaboración público-privados, y captar fondos del sector privado para acometer una buena parte de estas inversiones que serán necesarias en los próximos años.
Nuestro sector cuenta con empresas líderes con un gran nivel tecnológico capaces de afrontar todos los retos que requiere nuestro país
Algunas como las derivadas de los PERTES del ciclo del agua eran imprescindibles para una gestión más eficiente del agua, la reducción de pérdidas y la modernización del sector en general. Está claro que la transformación digital y la implementación de la inteligencia artificial en la gestión y tratamiento del agua ya están cambiando nuestra manera de operar.
Tenemos también problemas de gobernanza, fragmentación de competencias y la siempre reclamada falta de un regulador único, lo que ahonda en otro problema estructural como es el equilibrio tarifario, que va en contra de la recuperación de costes exigida por la DMA y del verdadero valor del agua.
En 2025 ha traído novedades regulatorias como las revisiones de las directivas europeas de sostenibilidad (CSRD y CSDDD), reduciendo su ámbito de aplicación, su alcance y los plazos para su aplicación en aras de la competitividad de las empresas europeas, así como el desarrollo del Real Decreto 1085/2024 mediante la realización de las guías para la evaluación de riesgos o el desarrollo de los sellos de gestión transparente y gestión transparente del agua, que se espera puedan ser de aplicación en 2026. Esperamos que estos sellos cuenten con incentivos reales para su implementación.
Asimismo, la obligatoriedad de cumplir con los estándares de calidad del agua fijados por la Directiva 2020/2184 (transpuesta a España en el RD 3/2023) en 2026, va a obligar a realizar nuevas inversiones en numerosos municipios para cumplir con estos límites de calidad, sobre todo en lo referido a contaminantes de preocupación emergente o PFAS. Del mismo modo, el cumplimiento de la Directiva 2024/3019 sobre aguas residuales urbanas (DARU) abrirá nuevos desafíos de financiación para el sector.
En paralelo, el concepto de compensación de huella hídrica abre nuevas oportunidades para que grandes compañías hagan (o ya están haciendo) inversiones en agua lo que puede incrementar el tamaño del sector de modo notable, destacando que la puerta legal para la financiación privada de infraestructuras de depuración y reutilización para la compensación de huella hídrica ya quedó reflejada en el RD1085/2024.
Sacyr es un ejemplo en este sentido, ya que es la primera compañía del IBEX 35 que ha certificado su huella de agua mediante la ISO 14046 desde 2022 demostrando que somos positivos en generación de agua, compensando mediante la producción de agua desalada y reutilizada todo el consumo directo e indirecto de todas nuestras actividades, en todos los países en los que operamos.
Otra necesidad y tendencia del sector es la reducción de nuestra huella de CO₂, muestra de ello son los importantes esfuerzos para la descarbonización (sobre todo en la desalación), por la vía del incremento de la eficiencia y la implementación de energías renovables.
Respecto a la desalación y el uso de los recursos no convencionales, su necesidad es evidente para cubrir las necesidades de demanda, pero también para preservar los escasos recursos hídricos afectados cada vez más por el cambio climático. En Sacyr Agua siempre hemos apostado por estas tecnologías y en los últimos dos años nos hemos convertido en los mayores operadores de agua desalada en España, además de contar con grandes proyectos internacionales tanto en reutilización como en desalación, como los recientemente adjudicados en Antofagasta y Coquimbo en Chile. En estas dos plantas, Sacyr invertirá en conjunto 600 millones de euros para contribuir a paliar las necesidades de agua de calidad para la industria y para la población en un país con una situación cada vez más grave de crisis hídrica y que está acertadamente promoviendo proyectos en concesión.
