Siguiendo con el análisis de empleo libre de términos y frases con relación a las intervenciones sobre el agua y las cuencas o sobre los recursos hídricos, un término usualmente mal utilizado es el de "diagnóstico". En América Latina estamos llenos de "diagnósticos" de situaciones territoriales (ambientales,sociales y económicas) que no sirven para tomar decisiones. Muchos de estos llamados diagnósticos no califican ni siquiera como inventarios.
Cuando pregunto a los participantes de cursos o charlas sobre gestión de recursos hídricos qué es un "diagnóstico", muchos responden "es una foto de la situación". Y entonces les pregunto si eso es lo que esperan de un diagnóstico médico… Lo que deseo es que entiendan lo importante que es un diagnóstico.
Un mal diagnóstico deriva en un tratamiento equivocado que mataría un paciente. Igual ocurre en otros campos cuando se invierte dinero en reformas, por ejemplo, institucionales. A partir de un diagnóstico erróneo, no basado en datos duros, y sesgado por ideologías o creencias pre establecidas de una solución teórica.
Para un diagnóstico, por ejemplo, del efecto de una sequía o del deterioro de suelos, o del efecto de intervenciones en el ambiente, o de la explicación de las causas de la epidemia actual, debo primero evaluar, o sea comparar, la situación actual vs la deseada y esta situación deseada debe ser explícita y disponer de indicadores (no basta decir que una situación es mala o buena según la particular idea o visión del ejecutor del estudio).
Solo una vez efectuada la comparación se puede emitir un diagnóstico. Ese diagnóstico debe ser capaz de explicar por qué se está en la situación actual y no en la deseada y, entonces, a partir de esa información, poder dar medidas para aplicar el tratamiento o medidas para corregir lo que se hace y alcanzar la situación deseada, situación que debe ser compartida por los habitantes del territorio en estudio.
Parece banal, pero hay millones de recursos públicos perdidos en estudios que se autodenominan "diagnósticos" (y que agregan "integrales", para darles más "caché") que solo adornan los estantes porque no se explica lo que se quiere lograr ni cómo hacerlo, solo son listados de propuestas sin articulación entre sí y, por lo tanto, sin efectividad.
Me pregunto, ¿tenemos claro dónde estamos y dónde queremos llegar con nuestras intervenciones sobre el agua y las cuencas? ¿Conocemos realmente el medio intervenido y compartimos todos el escenario donde queremos llegar con las intervenciones? ¿Tenemos claro cómo lograrlo? ¿Compensamos los efectos no deseados de nuestras intervenciones o solo avanzamos a ciegas sin fijar rumbo?
