Opinión
Axel Charles Dourojeanni Ricordi
La opinión deAxel Charles Dourojeanni RicordiConsultor Senior en Recursos Hídricos e Innovación en la Fundación Chile.
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Elementos básicos para formular un plan de gestión de recursos hídricos y agua


En la formulación de un plan es necesario distinguir las diferencias entre inventario, evaluación y diagnóstico y entre problema y obstáculo o restricción: Un inventario es una lista ordenada, clasificada de elementos. Una evaluación es una comparación entre los que se tiene como situación actual con lo que se considera como situación deseada (objetivo, meta, escenario ideal, visión etc. Un diagnóstico    es la explicación de porque se está en la situación actual y no la deseada. El diagnóstico debe indicar que impide pasar de la situación actual a la deseada. Es la base para diseñar una estrategia o plan. Un diagnóstico equivocado conduce a errores en el tratamiento a aplicar para mejorar la situación.

Recordar también que un problema es una manifestación de inconformidad sin necesariamente tener claro lo que se quiere, en cambio un obstáculo es un problema conociendo lo que se quiere. En la aplicación de un modelo matemático de optimización se deben introducir las restricciones para encontrar la mejor ruta para superarlas. Una estrategia se diseña para superar obstáculos o restricciones sabiendo lo que se quiere (negociado entre las partes involucradas) y NO para solucionar problemas que son simples manifestaciones de inconformidad de cada persona que los expresa con relación a algo que no lo afecta o le desagrada.  

La aplicación de una secuencia lógica de pasos, como la empleada para aplicar algún programa de optimización, ayuda a no perderse en la formulación de un plan de gestión de intervenciones sobre los recursos hídricos y el agua.  La secuencia es la siguiente [1]

Probablemente lo más complicado para iniciar la formulación de una estrategia es lograr precisar metas compartidas. Es muy común que estas metas sean simplemente las grandes declaraciones de políticas, como lograr “seguridad hídrica”, lograr un “desarrollo sostenible o sustentable”, lograr el “derecho humano al agua”, o algunos más acotados como, “agua para todos”, “ríos limpios”. Son, sin duda, metas importantes, pero se deben desglosar estas metas en sus partes para poder trazar un camino para lograrlo. Es decir que las metas agregadas tienen poco valor para diseñar una estrategia para alcanzarlas.

El camino alternativo para definir metas en temas de recursos hídricos es partir por conocer cuáles son las manifestaciones de inconformidad de todas las personas o actores o actores involucrados en la temática de los recursos hídricos y el agua, que es prácticamente toda la población, pero algunos con roles más evidentes en su gestión y utilización. Así, con consultas públicas, se obtienen largas listas de quejas por un lado y de ideas de “lo que se debe hacer”, cada cual pensando en sus intereses que generalmente van en contra de los intereses de los demás.

La tarea por lo pronto es ordenar la lista de problemas separando lo que se refieren a criticas o reclamos a la institucionalidad de las criticas o reclamos a la situación en el territorio (país, región, cuenca) con relacion al agua. El segundo paso es compatibilizar los intereses. Un aspecto esencial es que la evaluación de la capacidad de gestión de los recursos hídricos y agua en un país o región debe realizarse en función de su capacidad de dar solución a los problemas que se presentan con relación al agua y los recursos hídricos en cada cuenca o sistema hídrico.

Los problemas con relación a los recursos hídricos y agua en un territorio se pueden agrupar en tres básicos:

  1. Problemas entre usos y usuarios considerando el medio ambiente como usuario: Competencia entre usos y usuarios por cantidad, calidad, oportunidad y lugar, inequidad en el acceso, cobertura de agua potable y saneamiento[2], prioridades de uso sobre todo en época de sequía, conflictos de acceso (derechos de servidumbre), alteración de régimen de descarga (operación de embalses que beneficia a unos y perjudica a otros), alteración de navegación, etc
  2. Problemas por externalidades negativas producto de los usos: Contaminación de fuentes de agua, agotamiento de acuíferos, agotamiento de caudales ambientales, degradación de las cuencas, ocupación de zonas de riesgo de inundación, alteración de ecosistemas acuáticos, intrusión de aguas salinas, alteración de cauces naturales y otras situaciones que afectan los recursos hídricos, la cuenca y sus habitantes.
  3.  Problemas producto de las variaciones climáticas y de fenómenos extremos como sequias e inundaciones, deslizamientos de tierra, movimientos sísmicos, erupciones volcánicas etc.  que alteran las fuentes de agua o producen desastres violentos.

 Haciendo la misma lista, pero expresando a la inversa los problemas en el territorio, como metas u objetivos, es que se comienza a perfilar la situación deseada: a. Minimizar conflictos entre usos y usuarios, b.  Controlar, compensar y recuperarse de las externalidades negativas y c. Evitar o minimizar riesgos, compensar por efecto de cambio de clima y fenómenos extremos. Estas son metas más concretas que se deben ir alcanzando trazando una estrategia, A partir de esta situación deseada, debidamente cuantificada y con indicadores de logros a alcanzar en cada meta, es que se debe analizar si la institucionalidad actual tiene los instrumentos y las capacidades para lograrlo. Considerar que en materia de gestión de recursos hídricos y agua es importante no solo planificar la gestión de la oferta si no también la demanda de agua.

Los problemas con relación a la institucionalidad vigente son los responsables de la presencia de los problemas no resueltos en terreno: Usualmente se refieren a insuficiente información para tomar decisiones ( información tanto de carácter físico y ambiental como social y económico), leyes no actualizadas o insuficientes, incapacidad de fiscalizar su aplicación, personal calificado insuficiente, poca cobertura territorial, organizaciones de usuarios deficientes, carencia de financiamiento suficiente, organizaciones de gestión del agua por cuencas que no cumplen sus roles etc.

El plan de gestión de recursos hídricos y agua, de mejora de los sistemas de gobernanza e institucionalidad para este fin, debe por lo tanto partir sabiendo que su finalidad es superar los problemas en cada sistema hídrico, en cada cuenca, en cada región etc. y alcanzar las metas inferidas como objetivos. No es lógico plantear una mejora en la institucionalidad sin vincularla con su razón de ser.

No es que no haya una gran cantidad de principios de gestión que deben ser cumplidos en forma independiente, tales como tomar decisiones con participación, transparencia en las acciones, eficiencia y eficacia en el accionar, gestión adaptiva, mejora continua de los procesos, evitar la corrupción etc. . Pero todo ello debe servir para alcanzar las metas en el territorio objeto de la gestión de los recursos hídricos. Sin disponer de un buen sistema de gestión no habrá ningún plan ejecutado en el territorio de una cuenca.

Un sistema de gestión de recursos hídricos y agua se basa en la aplicación articulada de a. instrumentos de apoyo a la gestión, sobre todo información, b. Instrumentos de inducción de comportamiento en particular leyes, fiscalización, económicos, educacionales y culturales c. Instrumentos de organización para la gestión (organizaciones y órganos del estado, de usuarios, de la sociedad civil y otros) y d. Instrumentos tecnológicos y de infraestructura verde (manejo de cuencas, conservación de suelos, reforestación etc)  y gris o sea obras hidráulicas. .   

Un plan de aprovechamiento de los recursos hídricos y el agua generalmente se limita a presentar un listado de proyectos y estrategias para construir obras hidráulicas.  Es muy raro encontrar que se ejecutan obras hidráulicas acompañadas de medidas de manejo de las cuencas[3] de donde captan el agua.  Mucho menos se articulan los planes de ejecución de obras hidráulicas con los “planes de ordenamiento del territorio”. Estos planes de ordenamiento de la ocupación del territorio se aplican muy poco en la región aun cuando si se formulan.

 En la mayoría de los paises de la región se separa arbitrariamente la ejecución de obras hidráulicas y de manejo de las cuencas de la gestión de los recursos hídricos y el agua. Por ello es normal que unas organizaciones se ocupan solo de la construcción de obras hidráulicas, a veces por cada sector usuario. (Dirección de obras hidráulicas, obras de control de inundación, obras de riego, hidroeléctricas, obras de abastecimiento de agua potable y saneamiento, obras de desalación etc.),   Otras  solo se ocupan con suerte  de la gestión de recursos hídricos (glaciares, ríos, lagos , acuíferos)  y de distribuir  agua  proveniente de las fuentes de agua (Autoridades de agua, Direcciones Generales de aguas, Secretarías de Aguas) y otras solo se ocupan del manejo de las cuencas, conservación de suelos, (infraestructura verde, cosecha del agua, reforestación etc.)

Referencias:

[1] Axel C. Dourojeanni , : “Procedimientos de Gestión para el Desarrollo Sustentable” , Publicación de las Naciones Unidas,  manual 10 de la CEPAL,   Copyright © Naciones Unidas,  1999. Todos los derechos reservados, N° de venta: S.99.II.G, Impreso en Naciones Unidas, Santiago de Chile

[2] NOTA: Con relación al acceso al agua potable y saneamiento. Es muy importante que se entienda que la seguridad en el acceso al agua potable y saneamiento parte por una buena gestión de los recursos hídricos, o sea las fuentes de agua de donde proviene el agua. En muchos planes de abastecimiento de aguas potable, sobre todo rural, muchos planes parecen ignorar que solo gestionando y conservando las fuentes de donde extraer agua se puede obtener agua para uso poblacional. En varios paises de América Latina sin embargo los programas de agua potable están en los Ministerios de Vivienda u Urbanismo o los que hacen sus veces y desconectados de las autoridades sobre la gestión de los recursos hídricos. Sin una coordinación entre ambos no es posible, muchas veces, satisfacer las demandas de agua que originan las expansiones territoriales de zonas urbanas. Lo mismo es válido para expansiones de la frontera agrícola, minería o industrias.

[3] Las cuencas (Watershed o Catchment) en la práctica no requieren ser “manejadas” ya que los hacen muy bien por sí solas. La cuenca es la forma natural con que la naturaleza “cosecha” el agua que viene de la atmósfera, retiene el agua, la depura al filtrarla y la drena por los cauces hasta el mar o lagos. Lo que se  debe “manejar” por lo tanto son las intervenciones que alteran las características de una cuenca y de las fuentes naturales de agua. Las alteraciones son causadas por degradación de tierras, ocupación urbana de zonas de riesgo, cortes de camino, minería, expansión urbana desordenada y sin tomar medidas para el drenaje urbano, el aporte de aguas contaminadas, la alteración de cauces naturales, la alteración de las superficies por deforestación y cultivos en laderas entre otros. Es esencial que los programas de manejo de cuencas consideren como eso afecta tanto la cantidad como la calidad de las fuentes de agua y el agua