Opinión
Antonio Lastra
La opinión deAntonio LastraJefe del Área de Fomento de la Innovación de Canal de Isabel II.
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La innovación al servicio del drenaje urbano y la prevención de inundaciones


Las inundaciones en entorno urbano o periurbano son un problema que cada vez se muestra con más frecuencia. Las consecuencias inmediatas son el daño a las personas y a los bienes, pero no hay que olvidar que todo proceso de inundación o de precipitación torrencial, también lleva aparejados daños al ecosistema y a las masas de agua receptoras, dado que se realizan vertidos (puntuales o masivos) en los que se vierte toda la contaminación de las superficies presentes en los asentamientos humanos, que es recogida por la escorrentía cuando supera unos umbrales de velocidad y calado determinados. De hecho, históricamente, se pasó de sistemas de alcantarillado para transportar las aguas residuales urbanas a las depuradoras a sistemas de drenaje urbano para, precisamente, poder recoger esa escorrentía y, de alguna manera, evitar procesos de inundación y vertidos indeseados a los medios receptores.

Si nos ceñimos a un análisis técnico, podemos encontrar las causas en la progresiva impermeabilización de la trama urbana y en la modificación de la forma de las precipitaciones como consecuencia del cambio climático. Esto conlleva un incremento del pico del hietograma, aunque el total de agua recogida disminuya. Dicho de otra manera, las lluvias son cada vez más torrenciales y la cuenca urbana receptora es cada vez más impermeable. Las soluciones tradicionales siempre se han focalizado, con éxito, en un aumento de la capacidad de transporte de la red alcantarillado, en una mejora de la capacidad de las estaciones depuradoras para tratar estas aguas e, incluso, en la construcción de infraestructuras que sirven como elemento de inercia en la red (tanques de tormenta) que, por un lado, sirven para aumentar la capacidad de absorción de la red y, por otro, permiten enviar más agua de escorrentía a los sistemas de tratamiento.

Sin una gestión integrada de todos los elementos del sistema de drenaje, será muy difícil contrarrestar los efectos que la actividad antrópica tiene sobre el clima

Sin embargo, este aumento del pico del hietograma, consecuencia de los procesos de cambio climático, provoca que estas soluciones no sean suficientes en sí mismas, siendo necesarias actuaciones complementarias para optimizar su funcionamiento. Y, quizás, la primera medida innovadora es considerar el sistema de drenaje urbano como un conjunto que comienza en las primeras superficies que recogen agua de lluvia (cubiertas, viales, aparcamientos) y acaba con la entrega de las aguas a la estación depuradora. Sin una gestión integrada de todos los elementos que conforman este sistema de drenaje, será muy difícil contrarrestar los efectos que la actividad antrópica tiene sobre el clima.

Con esta visión integral, la primera medida que se debe proponer es el desarrollo de los SUDs (sistemas de drenaje urbano sostenible) o soluciones verdes que pretenden devolver parte del ciclo hidrológico natural a nuestras ciudades. Aumentar la permeabilidad de las superficies urbanas reduce el hidrograma que llega a los imbornales al producirse una retención de agua en las mismas, por lo que la capacidad efectiva del sistema aumenta y un tratamiento físico en origen permite, a su vez, una reducción en la contaminación de la escorrentía que puede llegar a las masas de agua. Para que estas medidas sean realmente efectivas son necesarias tecnologías actualizadas y personalizadas para cada clima local, dado que no pueden proponerse soluciones similares en zonas, por ejemplo, nórdicas, que en un clima mediterráneo o continental. Así mismo, es imprescindible hacer un seguimiento de su funcionamiento y efectividad, para lo que las soluciones TIC son un compañero irreemplazable.

Para que estas medidas sean realmente efectivas son necesarias tecnologías actualizadas y personalizadas para cada clima local

Sin embargo, si queremos que el sistema completo funcione, debemos analizarlo también en su conjunto. Para ello, los nuevos modelos matemáticos contemplan no solo la red de colectores, sino también el agua obtenida a partir de esas superficies de recogida, haciéndose imprescindible un análisis en detalle del funcionamiento de la hidrología urbana, donde el método racional y otros similares sean ya solo un recuerdo (en entorno urbano).

Y, para que estos modelos cumplan correctamente su función, han de ser capaces de funcionar en tiempo real (o cuasi real) de manera que una predicción a corto plazo con una granularidad suficiente (la que nos permiten, por ejemplo, los radares meteorológicos), permitan componer escenarios de gestión del sistema que puedan prevenir estos procesos de inundación y, también, sean la base para una correcta gestión anticipada de los daños que se pudieran producir. La inteligencia artificial nos da espacio para el tratamiento de estos datos distribuidos, sin lugar a duda.

Como complemento, es importante asegurar un correcto estado de las infraestructuras que recibirán estas aguas de lluvia para asegurar un funcionamiento óptimo cuando más se las necesita. En este ámbito, se puede destacar la función de la IA en el análisis automatizado de inspecciones, el empleo de drones autónomos para inspecciones en grandes colectores, los modelos de detalle en infraestructuras críticas, la sensórica en los elementos de captación (imbornales), y otros similares.