Opinión
Amber Walsh
La opinión deAmber WalshSenior Analyst en Bluefield Research
Blogs · Digitalización

La sed de las grandes tecnológicas está transformando las infraestructuras hídricas


El auge de centros de datos en EE. UU. está transformando la infraestructura del país, impulsando miles de millones en construcción, mientras los gigantes tecnológicos corren por aprovechar el auge de la inteligencia artificial (IA). En conjunto, las grandes tecnológicas han anunciado casi US$350 mil millones en gastos de capital. Aunque persisten dudas sobre la sostenibilidad a largo plazo de estas inversiones, la construcción no muestra señales de desacelerar. Solo en junio de 2025, el valor de obras de centros de datos alcanzó US$3.500 millones, según la Oficina del Censo de EE. UU., un asombroso aumento de 232% frente a junio de 2022, pocos meses antes del lanzamiento de ChatGPT.

Pero en medio de este crecimiento, un tema crítico pasa en gran parte desapercibido: el agua. El agua es vital para refrigerar los centros de datos, pero suele tratarse como algo secundario frente a la electricidad. Este descuido tiene graves consecuencias. La mayoría depende mayormente de sistemas de abastecimiento municipales, con un 97% del consumo de agua que procede de operadores de servicios de agua externos. A medida que la industria avanza hacia instalaciones a gran escala y las expansiones se aceleran, la presión sobre la infraestructura hídrica local se intensifica.

La llegada de un centro de datos puede tener beneficios, acelerando mejoras en los sistemas de abastecimiento largamente postergadas

Muchos de estos servicios ya están infradotados, envejecidos o mal preparados para aumentos tan bruscos de demanda. El resultado: una carga creciente sobre sistemas de abastecimiento públicos que no fueron diseñados para las necesidades de infraestructuras de la IA. En zonas con escasez de agua, como el suroeste del país, la problemática es aún más acuciante y podría generar tensiones sociales y políticas.

No todo es negativo. La llegada de un centro de datos puede traer beneficios tangibles, acelerando mejoras largamente postergadas y desbloqueando nuevas fuentes de financiación. En The Dalles, Oregón, por ejemplo, Google comprometió US$28,5 millones para obras públicas. A cambio, la empresa utilizó más de 461 millones de galones de agua de los servicios municipales en 2024, cerca del 4,7% de su consumo total de agua para el centro de datos ese año.

Este tipo de alianzas puede ser vital para los municipios, especialmente si son transparentes, justas y con visión de largo plazo. Bluefield Research proyecta que el gasto de operadores de centros de datos en infraestructura hídrica alcanzará US$313 millones en 2025 y crecerá un 42% hasta US$443 millones en 2030.

Ante mayor escrutinio y riesgos operativos, las tecnológicas empiezan a tomarse en serio la gestión del agua. La reutilización surge como estrategia clave. Amazon Web Services, por ejemplo, planea usar agua regenerada en 120 ubicaciones para 2030, lo que exige fuertes inversiones en tratamiento y redes de tuberías de agua regenerada.

Aunque la atención se centra en las grandes tecnológicas, los proveedores de servicios de alojamiento de datos, como QTS Realty Trust, Vantage Data Centers, Aligned Data Centers y Digital Realty, también son actores clave e innovan en soluciones. Digital Realty, por ejemplo, se asoció con Ecolab para desplegar una plataforma de ahorro hídrico basada en IA en sus instalaciones en EE. UU., señalando un giro del sector hacia prácticas más inteligentes, sostenibles y colaborativas.

El agua y sus infraestructuras ya no pueden ser un aspecto secundario en la planificación de centros de datos. Las presiones son reales, sobre todo en lugares vulnerables al estrés hídrico. Pero también hay oportunidad: con políticas adecuadas, alianzas sólidas y tecnologías innovadoras, el auge de la IA podría ser catalizador de inversiones necesarias en sistemas hídricos. A medida que las grandes tecnológicas buscan operaciones más seguras y sostenibles, no solo se abre la posibilidad de reducir la presión, sino también de fortalecer la resiliencia de manera conjunta.