A raíz de escribir la semana pasada sobre Nueva York y el problema del estiércol en sus calles, tuve la oportunidad de leer sobre George E. Waring Jr. (1833 – 1898), una figura clave en el desarrollo del saneamiento en varias áreas estadounidenses.

Neoyorkino de nacimiento, Waring recibió formación en química agrícola. Impartió conferencias sobre la materia hasta que en 1855 se hizo cargo de la granja de Horace Greeley en Chappaqua (Nueva York). Ello fue determinante para que en 1857 recibiera el encargo de realizar el drenaje necesario para la construcción de Central Park, una de las obras más punteras de su tiempo, en la que diseñó y supervisó la construcción del sistema que daría lugar a los pintorescos lagos y estanques del parque. Antes del proyecto, gran parte del área propuesta para levantar el recinto era un humedal.

El equipo que creó Central Park. Waring es el segundo por la izquierda (Wikipedia/CC).
Al irrumpir la Guerra Civil americana, Waring se unió a la lucha en el Ejército de la Unión como comisionado mayor, para ascender posteriormente al rango de coronel. Tras la guerra, se estableció en la granja Ogden (en Rhode Island) como administrador antes de dedicarse por completo a la ingeniería sanitaria. Según su biografía, instaló tuberías de drenaje para mejorar la situación del campo, algunas de las cuales existen hoy en día.
Waring, militar retirado, aplicó su experiencia en el ejército a su gestión como máximo responsable del saneamiento de la ciudad
Memphis y alcantarillado
Memphis, en Tenesse, tenía serios problemas de salubridad a finales del siglo XIX. Las condiciones sanitarias de la ciudad, con pozos domésticos junto a retretes y suelos arcillosos estancados con agua sucia, habían provocado epidemias graves de cólera en 1849, 1866, y 1873, y fiebre amarilla (transmitida por mosquitos que se reproducen en aguas estancadas) en 1867, 1873, 1878 y 1879. A ello se sumaban los problemas para recaudar la financiación necesaria para construir un sistema de alcantarillado al uso, causados en parte por el masivo éxodo de una población temerosa de contraer la fiebre amarilla.
La situación de la urbe provocó la simpatía nacional, y fue responsable en parte de la creación la Junta Nacional de Salud, predecesora del Servicio de Salud Pública de Estados Unidos. La Junta envió a Waring a Memphis, donde diseñó una red de saneamiento asequible para la localidad basada en la separación de las aguas residuales y las aguas pluviales y de origen natural. La innovación, aún sin implementar a gran escala en Estados Unidos, reducía el tamaño de las tuberías requeridas para transportar las aguas domésticas. El novedoso modelo, que acabó con las epidemias en Memphis, se convirtió en la base del alcantarillado en otras muchas comunidades del país, lo que le valió a Waring la reputación nacional.

Mapa del sistema de alcantarillado de Memphis en 1880.
En Nueva York
Tal como narré en mi última entrada de blog, el Nueva York de finales del siglo XIX no era precisamente el paraíso: la mugre, pestilencia y suciedad campaban a sus anchas ante la falta de acción de unas autoridades corrompidas entre la inmundicia reinante en ‘la tierra de las oportunidades’.
Pero no entraré a detallar los pormenores políticos, ya que nos llevaría otra entrada entera describir la realidad de las calles neoyorquinas por entonces (ya puestos, mejor ver ‘Gangs of New York’ de Martin Scorsese).
El hito relevante aquí fue la creación del Departamento de Limpieza en 1881, que en realidad no dio ningún atisbo de avanzar hasta la llegada William Lafayette Strong a la alcaldía en 1895. Durante su mandato, quiso a Theodore Roosevelt, futuro presidente de Estados Unidos, como comisionado de limpieza. Sin embargo, éste prefirió el departamento de policía, y la plaza fue ofrecida a nuestro protagonista. Tan solo la ocupó dos años y medio, pero fueron determinantes en la historia neoyorquina.
Waring, militar retirado, aplicó su experiencia en el ejército a su gestión como máximo responsable del saneamiento de la ciudad
Bien es cierto que tuvo algunos ‘problemas’ con los sindicatos y los trabajadores, puesto que sus medidas no estuvieron exentas de polémica en este sentido.
Pero veámoslo en detalle.
Las medidas de limpieza
Waring, militar retirado, aplicó su experiencia en el ejército a su gestión como máximo responsable del saneamiento de la ciudad, dando un auténtico vuelvo a las tareas de limpieza. Así, se hizo con el control absoluto en la toma de nombramientos y decisiones, como la prohibición de vertidos al mar y muelles, el establecimiento de un sistema de reciclaje básico obligatorio (restos de comida, trapos, papel y cenizas), la implantación de la concienciación familiar a través de ligas juveniles, la modernización de establos, recursos y materiales; la extensión del servicio de limpieza a las zonas deprimidas… y otras medidas de corte puramente gestor: incremento del rendimiento, reaprovechamiento financiero, actividades enfocadas a la consecución de objetivos, apuesta por la calidad manual frente a la mecanizada, etc. Se enfrentó a líderes amigos del soborno y a clientelismos, y reorganizó (con enfoque de militar) los batallones con claras instrucciones en la cadena de mando.

Retrato de Waring (whitewings.leadr.msu.edu/)
En su ‘lado oscuro’ queda la rebaja de salarios y una tensa relación con los sindicatos, amén de una polémica integración de los inmigrantes más pobres (sobre todo, italianos) en las batidas de peones rasos, además de su postura a favor de la contratación de mujeres extranjeras y niños por su bajo coste en programas especiales. Podría decirse que fue hijo de su tiempo, aunque suene alarmante en la actualidad.
A pesar de ello, los resultados no se hicieron esperar, y Nueva York logró convertirse en un tiempo récord (y sobre todo, en una época récord) en una de las ciudades más limpias del mundo. Waring, conocido por entonces como “el apóstol de la limpieza”, capitaneaba un ‘ejército’ de barrenderos a los que vistió de blanco para transmitir la imagen de pulcritud, y a los que se apodó ‘White Wings’ por dicho motivo.
En otra de sus brillantes ideas, estableció un desfile anual del cuerpo por la Quinta Avenida desde 1896. “Estos hombres luchan a diario contra la suciedad y están defendiendo la salud de todo el pueblo”, dijo.
Lamentablemente, en 1897, Tammany Hall volvió al poder y con él, los vertidos y las malas prácticas, solo mitigadas por la titánica labor de los ‘White Wings’. Por cierto, un colectivo retratado por Charles Chaplin o Stan Laurel en algunos de sus personajes.

Charles Chaplin en City Lights (terrassamuckraker.com).
Cuba y fiebre amarilla
En 1898, Waring fue designado por el presidente William McKinley para estudiar el saneamiento en Cuba, propiedad de Estados Unidos adquirida durante la Guerra Hispanoamericana. De hecho, ya había diseñado el alcantarillado de Santiago en 1887.
Sin embargo, su visita no duró mucho, ya que contrajo (paradójicamente) la fiebre amarilla y murió poco después en su Nueva York natal.
The New York Times escribió: "No hay un hombre o una mujer o un niño en Nueva York que no deba [a Waring] agradecimiento por hacer que Nueva York, en cada parte, fuera mucho más digna de vivir de lo que era cuando emprendió la limpieza de las calles".
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